Ante la inauguración del Museo Provincial de Bellas Artes Emilio E. Caraffa.
La media legua de oro, en tanto proyecto cultural, genera la impresión de una cultura monumental, basada en la inauguración de museos grandes y mega edificios, obras arquitectónicas faraónicas producto del delirio de grandeza de nuestros gobernantes. La inauguración (o mejor dicho, la doble inauguración) del Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Caraffa el pasado mes de diciembre completó ese “dorado trayecto”, ese dichoso circuito que “concentra el arte y el patrimonio de nuestra ciudad”, según lo definen los panfletos distribuidos por el gobierno provincial para promocionar su nuevo gran proyecto. Sí, porque por sobre todas las cosas, la media legua es ¡grande! Son más de
En torno a la inauguración del Caraffa, resulta complejo tomar una postura acabada ya que, en tanto proyecto artístico-cultural, aún no tiene nada resuelto. Recién el día 13 de febrero de 2008 se dio a conocer el nombre del nuevo director, el Lic. Daniel Capardi, quien sostuvo ante la prensa que la prioridad es “armar un grupo de trabajo”; es decir: desde el día de la inauguración en el mes de diciembre hasta el nombramiento de Capardi, el museo no tuvo dirección… es más: ¡ni siquiera habían concluido la obra arquitectónica!
La acefalía (o la enfermedad que sea que tuviese) del museo quedó evidenciada en la muestra inaugural, que reunió a más de 300 artistas cordobeses, (Marcos López era santafesino, ¿no? ¿Cuándo se mudó a Córdoba?) con un único criterio: incluir a la mayor cantidad de artistas, para que nadie quede afuera. ¿Es esto un criterio real o un simple mecanismo de cooptación? Ningún curador se hizo cargo de la muestra, ni de las obras que allí se exponen. En el Museo se repartieron folletos con dos diseños muy diferentes y con distinta información: en unos aparecen De
¡¿Una muestra de 300 artistas?! Decidimos visitar el museo, vimos la muestra y encontramos luego de la inauguración: obras en el suelo; los operarios montando obra sin tomar los recaudos necesarios, por ejemplo sin guantes, ¿en qué otro museo se han visto operarios trabajando frente al público?; se dice que el museo se llueve y hemos podido verlo; no hay señalética que oriente al visitante en un museo prácticamente laberíntico; hay obras que se retiraron de exposición sin explícitas razones, y hay artistas que figuran en catálogo pero cuya obra nunca se vio expuesta; hasta el montaje en algunos casos llega a alterar el sentido mismo de las obras.
Entonces, si el actual director Lic. Capardi no puede responsabilizarse de las irregularidades cometidas durante los primeros dos meses de vida de este “nuevo Museo Caraffa” ¿quiénes son los responsables de esos primeros tiempos de gestión, cuando
Ésta es la atmósfera que envuelve al museo reinaugurado: confusión, desinformación, incertidumbre. ¿Sobre esas bases se supone debe plantearse un proyecto de museo a la altura de los grandes museos de arte de Latinoamérica, y que se sustente en el largo plazo?
Sintetizando: no existe proyecto museológico visible. Parece que mientras se realizaban las obras aún no existía un equipo de trabajo elaborando tal proyecto, que debería haber sido la guía para la refuncionalización. ¿En función de qué planes se estaba ampliando nuestro museo? ¿Dónde están las nuevas áreas de Documentación, Fotografía, Curado, Impresión,
Y lo que parece un detalle, pero en realidad representa el espíritu de todo este “proyecto cultural”, es la anulación del histórico ingreso al Museo, que se realizó haciendo desaparecer las escaleras y transformando lo que era la puerta principal en un mero detalle ornamental. Lo que antes era una fachada y la entrada, quedó inmerso en un limbo donde no significa nada ni cumple función alguna. Esta grosera intervención sobre un edificio como el del Caraffa, de gran valor histórico y patrimonial, revalida la política monumentalista que hace proliferar cascarones vacíos, y que caracteriza a todos los edificios que conforman la media legua de oro, como ocurre con el Paseo del Buen Pastor y el Museo Palacio Ferreyra/Evita. De esta manera, el estado provincial con sus políticas patrimoniales no hace más que legitimar y validar la escalada de demoliciones de inmuebles de valor histórico en toda la ciudad; esta situación se vuelve paradigmática en el caso del barrio de Nueva Córdoba (que significativamente se halla dentro del circuito de la media legua) donde casi la totalidad de las viejas casas y casonas han sido brutalmente desplazadas por un maremágnum de cajas de zapatos de ladrillo visto que harán estallar las cloacas en una caterva de soretes que lloverán sobre los sátrapas que pululan por allí. Todo esto ocurre mientras el municipio mira hacia un costado. La destrucción del patrimonio se convierte así en política de Estado.
“Invertir en cultura es invertir en nuestro futuro como país. Invertir en los edificios que albergan expresiones culturales es apostar a un futuro que sobrevivirá una gestión de gobierno, a los hombres, a varias generaciones”. (Lic. Pablo Canedo. Ex Pte, de